1 · Tasa de refresco (Hz)
Para la mayoría de jugadores, 144Hz (o 165Hz) es el punto dulce: salto enorme frente a 60Hz y fácil de alimentar con una GPU de gama media. 240Hz solo se aprovecha si tu PC genera 200+ cuadros por segundo sostenidos, lo que exige una GPU potente y normalmente jugar en 1080p competitivo.